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miércoles, 25 de abril de 2018

AJF ---> Contra la crítica: Siete variaciones sobre un tema desagradable.(I)


Contra la crítica: Siete variaciones sobre 
un tema desagradable. (I) 
por Pravu Mazumdar
Critica N°6




Durante el mes de agosto (como parte de nuestras lecturas ligeras de verano) publicamos una serie de cinco artículos sobre la crítica, los cuales pertenecen a una asociación con KLIMT02, bajo el sello "el feed de AJF". Los cinco ensayos, aunque diversos, todos abordaron la idea de que la crítica es buena y que la misma es un componente necesario para el crecimiento de la artesanía contemporánea.

De ahí mi emoción cuando Pravu Mazumdar accedió a desarrollar sus propias ideas sobre el papel de la crítica en un ensayo en dos partes titulado Contra la Crítica. Los lectores que se sumergieron en los ensayos anteriores seguramente se regocijarán con el texto del maestro Foucaultiano residente de Múnich. Si desea refrescar su memoria antes de embarcarse en esta densa tesis de dos partes, por favor revise los excelentes textos escritos por  Moyra Elliott, Clare Finin, Damian Skinner, Garth Clark, and Suzanne Ramljak. La segunda parte del ensayo de Pravu será publicada en siete días.

-Benjamín Linel


"En última instancia, no me preocupo por repartir calificaciones a las obras de arte (por eso evité la oportunidad de escribir sobre cosas que no admiré").
-Susan Sontag (1966)
  1.  
Un pasatiempo favorito en la corte real del emperador mogol Akbar consistió en resolver acertijos. Una noche, un anciano se acercó al monarca y le pidió que le permitieran presentar una nueva tarea. Al recibir el permiso, sacó un pedazo de tiza, dibujó una larga línea recta en el suelo, y se volvió hacia la selecta reunión con una pregunta. ¿Podría alguien reducir la línea sin tocarla? Después de que varias propuestas fracasadas fueran expresadas, un muchacho joven se levantó, tomó la tiza de la mano del viejo y dibujó una segunda línea, paralela a la primera y más larga. Sin tocar la línea original en su realidad física, había reducido su valor creando una línea más larga.
Citando a Nietzsche: toda creatividad conlleva un tipo específico de crítica que, como en cualquier otra práctica de juicio, transforma los valores existentes atacando ideales, libros, artefactos, pero no en un modo negativo. Tal crítica no toca, mide ni reduce su objeto y difiere radicalmente de la crítica normativa a la que nos acostumbramos en nuestra vida cotidiana. En otras palabras: tal crítica no compara su objeto con una norma, sino que la supera través del nuevo objeto creado por ella, que, ya sea un texto, un objeto hecho a mano, o lo que sea que se considere tal como una obra de arte, encarna un nuevo ideal que manifiesta los límites intrínsecos del ideal encarnado en el objeto original. La crítica de Nietzsche a los ideales estéticos o al Nuevo Testamento presenta como creativo al sujeto crítico limitando su juicio inherente y dejándolo "ponerse los guantes", como él lo llama, [1] antes de volverse a su objeto. Tomar las riendas en la senda de acercarse a algo antes de criticarlo desencadena un proceso crítico alternativo, en el curso del cual el ideal trascendental de Kant finalmente parece adquirir un cuerpo.
  1.  
Cuatro años antes de su muerte, Michel Foucault dio una entrevista a Le Monde, [2] en la que mencionaba a un amigo de Courbet, que se despertaba cada noche y gritaba: "¡Quiero juzgar! ¡Quiero juzgar!”. Foucault considera asombroso que la gente esté tan loca por criticar a otros e imagina que el último sujeto humano, habiendo reducido su último enemigo a cenizas, se apoderaría de una vieja mesa desvencijada, se colocaría detrás de ella y empezaría a juzgar a todos los responsables de la calamidad. El mismo Foucault entiende la crítica como una actividad que no se ocupa de juzgar, sino que tiende a "asistir a una obra, a un libro, a una declaración con el objeto de alcanzar la realidad”. Tal crítica encendería antorchas, vería crecer la hierba, escucharía el viento, atraparía la espuma en vuelo y le daría vueltas. Tal crítica no acumularía juicio sobre juicio. En su lugar, reuniría todo vestigio de existencia, los llamaría y despertaría de su sueño. La crítica en este sentido no necesita vestiduras rojas, porque está cargada con las tormentas del pensamiento posible, lo que le permite aprovechar la variedad de alternativas que rodean una obra y la lleva hacia su propio ser futuro.
Casi dos décadas antes, Foucault había acuñado el término "afirmación no positiva" en su famoso ensayo sobre Georges Bataille [4]. El término significaba: no criticar algo a través de la negación su existencia, sino afirmando su no existencia, es ahí donde la creatividad entra en juego. Afirmar la no existencia de algo significa romper su identidad, transgredir los límites de su definición y discernir el dinamismo interior que lo impulsa hacia el crecimiento y el movimiento. Darwin no critica a un reptil por ser un reptil, sino que simplemente describe en lo que posiblemente esté evolucionando. Siempre hay algo de una afirmación no positiva al ver crecer la hierba, escuchar el viento, reducir una línea sin tocarla y, esencialmente, seguir la deriva constructiva de una obra hacia el ser. Tal crítica trata con cosas que todavía están medio dormidas y que aún carecen de la fuerza necesaria para mover otras cosas. En lugar de lanzar juicios sobre ellos, procede a darles el ímpetu para cruzar el umbral de su propio ser.
  1.  
El tema que nos ocupa no es agradable. Durante más de dos décadas hemos estado experimentando un verdadero diluvio de prácticas de juicio, que emanan de una inseguridad típica de las sociedades modernas y su falta de normas universales. Tales prácticas pueden ser observadas en una creciente tendencia hacia la clasificación y la estandarización en todo el mundo, involucrando no sólo actos explícitos de juicio o juicio de juicios, sino también todos aquellos debates, comentarios y controversias que constituyen, en su totalidad, los discursos típicamente normativos que giran alrededor del público tales como los pronunciamientos de una pena de muerte o las decisiones anuales recurrentes del Comité del premio Nobel. La práctica del juicio está íntimamente relacionada con nuestro modo de vida industrial, impulsado por la doble exigencia de productividad y una evaluación sostenida de los productos para asegurar su circulación.
En el contexto de la industrialización, la práctica artística puede ser vista como una actividad generadora de un tipo paradójico de productos no utilitarios. Por un lado, el arte se pone en circulación como cualquier otra mercancía a través del dinero, mientras que, por el otro, los productos artísticos permanecen inmateriales, por lo que no es fácil evaluarlos en las condiciones modernas, caracterizados por una falta de normas universalmente aceptadas. Las obras de arte no pueden medirse en términos de volumen, peso o temperatura, ni cualquier otro estándar cuantificable para esa materia, específico de una "sustancia estética", a menos que se tomen cosas vagas como una "necesidad de calidad" o una "reflexión sobre el medio "o un “cuestionamiento a la tradición" como guias para regular la práctica artística. A pesar del clamor de los tradicionalistas por un retorno a los estándares estéticos pre-modernos, la inconmensurabilidad inherente al arte se agudiza en el contexto de su modernidad.
Los jueces tienden a sobrevalorar su trabajo entendiéndolo como una medida de seguridad para garantizar la calidad, y por lo tanto como un servicio invaluable para la comunidad. En verdad, sin embargo, el trabajo de un juez, inevitable como podría ser para el proceso de circulación, es parasitario, prosperando en la producción real de calidad por parte de artistas y artesanos. Incluso si no es cierto que todos los fabricantes produzcan calidad, es sólo de las manos de los fabricantes que la calidad puede surgir. El juicio es básicamente una actividad de segunda mano. No es más que una respuesta a una necesidad generalizada de evaluación. En otras palabras, no es una práctica productiva, sino, en el mejor de los casos, una técnica para poner orden en la mente consumista, cuando es incapaz de concentrarse en la conmoción general de productos tirando de ella en diferentes direcciones y paralizándola en el bullicio de la compra y venta. Algunas personas nunca tocarían un libro o irían al cine sin consultar los oráculos críticos presentados por los medios de comunicación. En general, se puede afirmar con seguridad que la popularidad del juicio es directamente proporcional a la desaparición de la educación estética y el instinto
  1.  
En este punto, quisiera precisar una distinción elemental entre el criticismo y crítica, de la que he estado haciendo uso hasta ahora de manera algo tácita.
El criticismo en mi entendimiento es la expresión de una tendencia intrínseca en las sociedades modernas a restaurar algún tipo de régimen antiguo en el arte. De hecho, el término usado para definir a un crítico y conocedor de arte en alemán durante el siglo XVIII es "Kunstrichter", que significa "juez de arte", persona que administra una especie de justicia estética. Está claro que tal término se remonta a la suposición de que los procesos artísticos se rigen por un conjunto de "leyes naturales" preexistentes que se hacen sentir como una especie de logos estéticos a través del trabajo del Kunstrichter como su sacerdote y portavoz. Mucho de lo que cuenta para la crítica en el mundo artístico de hoy continúa funcionando en este sentido, entendiéndose como una aplicación "ontológicamente" necesaria de "leyes de calidad" y respondiendo a una demanda generalizada de estándares y autoridades para medir obras de arte en virtud de normas universalmente aceptables.
Desde el punto de vista del criticismo, el mundo del arte está poblado de objetos bien definidos y de valores vinculados a ellos, que disminuyen con cualquier aumento en la distancia entre los objetos y una norma, por muy contingente o frágil que ésta sea. Tal mundo no es diferente del mito teológico de una Creación, en el que las cosas pierden su valor con una distancia cada vez mayor de Dios, de modo que la crítica se reduce, en última instancia, a medir la distancia entre una obra y una norma, incluso si ésta hubiera sido fijada con el propósito expreso de permitir una sentencia. Incluso cuando los defensores de la crítica tienen una actitud constructiva y hacen hincapié en la importancia de los debates que acompañan a las obras de arte, la crítica sigue siendo un anhelo de absolutos y, en última instancia, un llamamiento a un retorno a Dios y al Rey.
La crítica, por otra parte, no está interesada en el quantum del conformismo que constituye una pieza de arte. Le importa poco la relación entre una obra y una norma preexistente, o la que existe entre una obra y una ilusión por parte del crítico. En cambio, trata a una obra como un vector que apunta en la dirección de su ser. En lugar de ver el trabajo como una cosa terminada dentro de los límites de su definición y mantenerse alejado de una noción preconcebida de lo que debería ser, la crítica describe una obra, leyéndola como una tendencia y un proceso de pensamiento que finalmente lleva más allá de la obra, aplicándose como un acto de intervención. La crítica, dicho de otra forma, no está interesada en calificar una obra, sino en cooperar con ella hacia un fin común. En su perspectiva, el mundo no está poblado de objetos bien definidos, sino de valores, que cuestiona creando valores propios.
Las consecuencias metodológicas son claras. La crítica no cede al moralismo de la comparación, sino que evoluciona en cambio como una descripción apasionada hecha con una precisión e inteligencia que la guía, ya que desentraña las sutilezas de la semejanza y la diferencia. El telos de la crítica no es un veredicto, sino una descripción llevada al punto en que una obra comienza a hablar por sí misma. En otras palabras, la crítica no enseña cómo juzgar, sino cómo leer una obra dándole las palabras que le falta.
Sin embargo, la exactitud no es la neutralidad, y mientras que la crítica no viene con las túnicas rojas típicas de un Kunstrichter, es un participante en un discurso, investido con una deriva discursiva propia. Al contrario de la obra que aborda, la crítica tiene un vector propio, ya que no es meramente una opinión sobre una obra, por bien fundada que sea, sino que es en sí misma una "obra" con un estilo y postura propia, alineándose con el vector de su objeto, que a veces también lo lee a contra corriente, obviamente no en nombre de una norma dada, sino en virtud de su propia existencia, como fuerza en un campo de interacciones culturales. En otras palabras, la crítica no opera desde un nivel más profundo o más alto que el trabajo que discute. No simula la voz de Dios, sino que interfiere con una obra en sus propios términos y a su propio nivel. Interviene activamente en el proceso desplegado por el trabajo y empuja hacia adelante el proyecto, perseguido por ella implícita o incluso de forma incompleta.
En su Genealogía de la Moral, Nietzsche distingue entre una postura activa y una postura reactiva. [5] La postura activa emana de un estado de fuerza y ​​triunfo del auto-disfrute, en el cual sólo otros en estados igualmente activos perciben / disfrutan, mientras que todo lo demás es necesariamente pasado por alto. La postura activa es autónoma y soberana, en contraste con la postura reactiva, que surge de un estado de dependencia y resentimiento, en el que nos definimos con respecto a lo que nos oponemos, de modo que primero nos enfrentamos con lo que rechazamos, antes de siquiera empezar a vernos a nosotros mismo y a otros que son similares a nosotros. Evidentemente, la oposición entre el criticismo y la crítica puede estar relacionada con tal genealogía. El criticismo surge de una postura reactiva, partiendo del "peligro" de una desviación y como reacción a una obra, tan pronto como la percibe como su otra. La crítica, por el contrario, surge de un sentido de entusiasmo o admiración por una obra y procede a conectarla con su propia perspectiva y la utiliza como un trampolín para sumergirse en su propia actividad.
Puedo bien anticiparme al tipo de argumentos que se pueden oponer a tales afirmaciones, señalando la importancia de los jurados, comités, mentores y demás involucrados en los procedimientos omnipresentes de marcar la calidad, ya sea en las instituciones de enseñanza o en el establecimiento artístico en general. Sin embargo, dudo que eso no sea poner el carro delante del caballo. ¿El juicio realmente genera calidad o influencia en la producción de calidad? ¿O no es más bien una reacción a una cualidad ya existente o a su falta? Supongo que la pregunta es en última instancia indecidible. Sin embargo, seré sincero: si tuviera la opción, yo presionaría para que la crítica mantenga la batuta por sobre el criticismo.
Puesto que la crítica está sin duda mejor sintonizada que el criticismo a un temperamento moderno, su único marco exterior de referencia es la regla general: ¡Ninguna trascendencia, ni siquiera la de una norma! Contrariamente a toda práctica de juicio, la crítica se basa en el tipo de observación y recopilación de hechos que habitualmente se denomina "investigación", que involucra todo lo que va con el paradigma de la investigación científica y termina en un producto, que es el propio texto crítico.
  1.  
Antes de resumir estas observaciones, quisiera señalar que los dos modos aislados y opuestos de crítica que he denominado criticismo y crítica, obviamente, no deben tomarse como cosas reales. Como resultado de un análisis, son abstracciones. Los discursos críticos nunca emplean uno u otro modo en una forma pura, sino una amplia gama de sus posibles combinaciones, en las que figuran en proporciones variables como elementos contrastantes que difieren en peso y frecuencia, y que el criticismo obtiene generalmente la mayor parte de la atención pública.
Es en esta relación de poder entre los dos tipos de práctica crítica, que me gustaría presentar, con el objeto de enfatizar, aún con el riesgo de exagerar mi posición, en 10 puntos la importancia y superioridad de la crítica como alternativa al criticismo:
  1. El arte nos enseña a leer el mundo a través de la aplicación de sentidos. El criticismo nos enseña a categorizar el arte a empleando reglas. La critica nos enseña a leer el arte usando el lenguaje
  2. El criticismo es la aplicación de una ideología, asumiendo la pre existencia de estándares y funcionando sobre sus bases como una técnica de medición. La crítica es por contraste la práctica de un arte que esta investido con las habilidades intelectuales y estéticas de la crítica y se desdobla como un técnica de descripción
  3. El criticismo reduce la complejidad de un trabajo comparándolo con una norma. Se propone medir el quantum de conformidad o desviación en una obra con respecto a las normas establecidas por otras obras. Por lo tanto, es necesariamente ciega a la singularidad de una pieza. La crítica, por el contrario, devuelve una obra a su complejidad simplemente por su fidelidad como un arte de descripción capaz de revelar el vector ontológico inherente a una obra.
  4. El criticismo no requiere ninguna paciencia para los detalles de una obra o cualquier respuesta específica hacia su singularidad, además, no se ve obstaculizado por las exigencias habituales de la erudición. Simplemente requiere un conocimiento práctico de las reglas que aplica, en las cuales nunca se ve una razón para desafiar. La crítica, por otra parte, se basa en la observación paciente y la erudición que la apoya en su aventura descriptiva.
  5. El criticismo termina con un juicio: "bueno" o "malo". La crítica termina con un texto, que es en sí mismo una "obra" que funciona como una versión verbal de la obra del artista y que coopera con ella para revelar su deriva ontológica.
  6. El criticismo se opone a una obra arrojándole un juicio y afectando su imagen pública. La crítica presenta una obra describiéndola y transformando el proceso de pensamiento encarnado en ella.
  7. El criticismo se centra en la conciencia del artista, incluyendo la cronología de los pensamientos, las emociones, la formación / experiencia profesional, prejuicios que preceden a la producción de una obra. Compara éstos con lo que debe ser y utiliza la obra como un punto de entrada para un juicio sobre su creador. Por el contrario, la crítica se centra en el trabajo como un proceso de pensamiento legible que va más allá de la obra misma. No recurre en primer lugar a la conciencia ni al discurso verbal del creador, sino que suspende la autoridad del sujeto artístico tratando de describir la obra independientemente de su creador. ¿Por qué un relato retrospectivo de un artista es más confiable o más autoritario que cualquier observación inteligente emprendida por el crítico? ¿Por qué las palabras de un creador deben estar libres de cosas como un recuerdo vacilante o una ceguera "profesional" hacia ciertos aspectos de la obra? Si la crítica escucha lo expresado por un artista, lo hace sólo en la medida en que no contradiga los resultados de su propia lectura atenta de la obra.
  8. El criticismo en última instancia, funciona como un gobierno de la mediocridad, comenzando con la sospecha de una desviación, se siente obligado a supervisar como parte de su papel autoproclamado, a fin de proteger al mundo de las obras "malas". La palara crítica, por el contrario, comienza con la experiencia de ser golpeado por algo excepcional o sin precedentes en una obra y procede a analizar y explicar esa experiencia describiendo la obra y revelando su dirección de movimiento.
  9. El criticismo proporciona en el mejor de los casos una orientación a los vendedores / compradores / coleccionistas para encontrar su camino a través del laberinto del mercado del arte. Ayuda a decidir la cuestión del valor de mercado: ¿Cuáles son las obras que se deben poner en circulación y cuáles debe ser excluidas desde el principio? La crítica, por el contrario, inculca a sus lectores una competencia, mostrándoles cómo leer una obra.
  10. El criticismo está interesado en saber si un trabajo permanece dentro de límites que distinguen entre buena o mala artesanía, entre pensamiento fuerte y débil. La crítica está, por el contrario, interesada en averiguar si una obra extiende los límites existentes o establece nuevos límites y finalmente transforma el mundo por medio de su propio ser. En este sentido, la crítica está verdaderamente interesada en el potencial crítico de una obra en oposición a su conformismo. ¿El trabajo cuestiona nuestras ideas contemporáneas sobre la artesanía? ¿Sugiere un cambio de paradigma en nuestro pensamiento de una manera que me fascina, como crítico?
Ciertamente no estoy pidiendo una abolición de la crítica, sino tratando de llamar la atención sobre una práctica, que rara vez se toma en cuenta, aunque ha estado alrededor por un tiempo, ejemplo de ellos son las lecturas de Foucault sobre Manet, la lectura de Barthes a Racine o la lectura de Sontag de Barthes. A estos escritores les importaba poco las reglas o las normas cuando lanzaban sus críticas como una poderosa alternativa al criticismo en el modo de una lectura matizada e inteligente de una obra. Es obvio que la crítica en este sentido está mejor adaptada que el criticismo al temperamento científico, porque al percibir una obra de arte, la crítica no es impulsada por la fe -en un ideal, una norma, una ideología- sino por la inteligencia de los sentidos, una mente experimentada y una buena dosis de curiosidad.
Sin embargo, no estoy haciendo la ingenua sugerencia de que eliminemos totalmente el criticismo, sino que exploremos las posibilidades de subordinarlo a la crítica. El criticismo puede en el mejor de los casos abrir el camino hacia la crítica. Pero no puede permitírsele dominar, y mucho menos reemplazar a la crítica.
[1] "No refuto ideales, simplemente me pongo los guantes en su presencia." Ecce Homo en Nietzsche, Friedrich, Obras completas, Edición crítica de Estudio en 15 volúmenes, ed. Giorgio Colli y Mazzino Montinari (Berlín, Nueva York: Walter de Gruyter & Co., 1967-1977), vol. 6: 259. También: Anticristo, no. 46 en Nietzsche, vol. 6: 223. Traducido por Pravu Mazumdar.
[2] “Le philosophe masqué” (La filosofía enmascarada) en Michel Foucault, Dits et écrits (Pensamientos y Escritos) (Paris: Gallimard, 1994), vol IV, no. 285: 106.
[3] “Le philosophe masqué.” Énfasis del autor. Traducido por Pravu Mazumdar.
[4] “Préface à la transgression (en hommage à Georges Bataille)” Prefacio a la transgresión (en homenaje a Georg Bataille) en Michel Foucault, Dits et écrits  (Pensamientos y Escritos) (Paris: Gallimard, 1994), vol. I, no. 13: 238.
[5] Friedrich Nietzsche, Zur Genealogie der Moral (Hacia una genealogía de la moral) in Sämtliche Werke (Obras completas), vol. 5, Primera Tratado: “Gut und Böse,” (Bueno y malo) “Gut und Schlecht”,” (Bueno y feo): 257–289.
Pravu Mazumdar estudió física en Nueva Delhi y Múnich y tiene un doctorado en filosofía de la Universidad de Stuttgart, Alemania. Vive como escritor y profesor en Múnich. Sus campos de trabajo incluyen el arte y la filosofía, y sus libros están estrechamente relacionados con el posmodernismo francés, en particular la filosofía de Michel Foucault. Próximamente publicará un libro sobre la joyería titulado Die entfesselte Oberfläche (La Superficie Desatada), Berlín: Matthes & Seitz.
Traducción: H.N

Gracias Barbara Magana por las correcciones de estilo.

lunes, 16 de octubre de 2017

Klimt02---> Horizontes lejanos: Joyería y Transgresión en el Universo Artístico de Reinhold Ziegler


Por: Pravu Mazumdar


Reinhold Ziegler
Pendiente: From The Cambrian Explosion, 2017
Trilobites, plata, madera, alambre de acero.
8.2 x 8.8 x 2.7 cm



"En sus últimos trabajos expuestos en Múnich (Wittenbrink), Reinhold Ziegler también presentó obras con fósiles que datan de más de 60 millones de años a la Edad Pre cambrica. Este artículo es una reflexión sobre la conexión entre la joyería, el espacio cósmico y el tiempo evolutivo." 

1.
Si nos vemos desde una distancia cósmica, probablemente percibiríamos la joyería como un proceso en el que un organismo animal se cubre con fragmentos de su propio entorno físico y se transforma en una imagen. Nuestro ojo lejano probablemente no estaría interesado en la estética de los fragmentos, sino que estaría impactado por el hecho de que el organismo se desvía en su acto de auto-ornamentación de funciones biológicas como el crecimiento, la nutrición, la auto protección y que da vuelta atrás sobre sí mismo para generar una imagen con la que obviamente querría ser identificado. Desde tal distancia, veríamos la joyería como un rudimentario arte de apariencia, aplicado por un organismo para hacerse visible a su entorno. También veríamos probablemente en la joyería una técnica de realce, peculiar a los animales humanos y que implica una fabricación diaria de la propia imagen para generar un mayor sentido del ser.

2.
Tales técnicas de realce ocurren cada vez que nos enmascaramos con una imagen de nosotros mismos en nuestras interacciones sociales. En la medida en que tales imágenes incluyan elementos simbólicos, se espera que el arte de parecer permita la participación en los poderes biológicos de organismos más fuertes bien sea por contacto o sustitución. Uno puede cubrirse con la piel de un animal más poderoso o arreglar constelaciones de garras y dientes a través de la superficie propia de su cuerpo. En las técnicas arcaicas de apariencia, máscara, vestimenta y joyería se aplican para transformar un organismo finito y mortal en algo más allá de sí mismo. La aplicación de símbolos indica un impulso no sólo hacia la supervivencia, sino también hacia el exceso, entendido como el impulso, el acto y la experiencia de excederse a sí mismo.

3.
Superarse a sí mismo es todo lo contrario de aferrarse a una identidad pasada o presente. Significa romper en pedazos la cáscara de identidad y ventilar la subjetividad para explorar nuevas posibilidades de ser. Significa exponer las esferas íntimas del hábito y la proximidad a horizontes distantes en el tiempo y el espacio. George Bataille denomina al proceso en el que lo cercano y lo lejano se conectan y participan en una continuidad universal de cosas, la experiencia de la transgresión. La joyería ciertamente puede usarse para sellar identidades existentes y hacerlas reconocibles, a través símbolos tradicionales de afiliación como el martillo masónico, o colgantes con contenido religioso como la cruz cristiana o el pájaro zoroastriano, o el brazalete como símbolo del estado civil de las mujeres hindúes. Pero la joyería también puede usarse como una técnica de transgresión conectando el cuerpo del portador con objetos que están alejados, ya sea por la naturaleza desviada de sus formas con respecto a las normas tradicionales o a través de la distancia o rareza de sus fuentes materiales. En el mundo de la joyería contemporánea existen numerosas propuestas que apuntan en esta dirección. Uno de los ejemplos más notables de tales propuestas es la obra de Reinhold Ziegler con su doble alusión a lo cósmico y lo biológico.

4.
En el pasado, las piezas de Ziegler abarcaban una amplia gama de experimentos que iban desde lo antropomórfico hasta lo cósmico. Por un lado se encuentran colgantes que consisten en herramientas como alicates en una bolsa de cuero (Pincer Pliers, 2012) o un martillo en una banda de nylon (Cross Peen Hammer, 2013) o broches de bolsillo (2013) cuestionando la frontera entre joyería y vestimenta. Tenemos aquí joyas como una réplica de artefactos asociados con las esferas funcionales de la vida, interrumpiendo la funcionalidad, realzando el ser y la personalidad del portador y, finalmente, transgrediendo los límites de la utilidad. Por otro lado se encuentra la serie de colgantes hechos de materia extraterrestre bajo el título de Escombros Cósmicos (2014) y extraídos principalmente de meteoritos pedregosos. En esta serie, la exploración de Ziegler del potencial transgresor de la joyería, alcanza un clímax dramático. Algunas de estas piezas de rocas de meteoritos han sido dejadas sin forma (Weathered Crusted Meteorite 2, 2013), a algunas se les ha dado formas geométricas puras que recuerdan la estructura platónica de la razón humana (Bola Meteorito, 2013, Meteorito Hexagonal con Vórtice, 2014). Pero en todas estas piezas de materia extraterrestre pueden percibirse como una evocación metonímica de su origen cósmico y como un elemento de joyería al mismo tiempo. Al verlas en el cuerpo de alguien, la cámara del ojo interno oscila desde sus horizontes cósmicos hasta las dimensiones antropomórficas de su papel como joyas dentro del destello de un instante. En la creación de estas piezas, Ziegler revela el potencial de la joyería como un emplazamiento cósmico de sus portadores humanos.

5.
Tales exploraciones se llevan a un nuevo paso en las últimas obras de Ziegler, las tres series de origen (1: Mater; 2: Life: 3: Spirit, 2016). Estas piezas, que se pueden utilizar como broches y piezas de pared al mismo tiempo, evocan alternativamente la enormidad del espacio cósmico y los eones de la Historia de la Vida dentro de sus dimensiones antropomórficas. Tales obras despliegan su impacto no sólo a través de la impresión visual que proporcionan, sino también a través de las palabras unidas para constituir la información material que se les adjunta. Así, podemos leer en relación con un broche de la serie de Mater, que el material de la imagen en forma de cuadrado dentro del marco metálico de la pieza se deriva de un "meteorito de polvo de estrellas condensado". Del mismo modo, se nos informa en relación con un broche de la serie Life que la imagen hexagonal dentro del marco contiene un material derivado de un "meteorito carbonáceo con aminoácidos", lo que significa que implican ciertos bloques bio-moleculares vida dentro de su materialidad extra terrestre. También las palabras conectadas con los colgantes no dejan de desplegar su impacto ya que mencionan una pieza áspera de meteorito carbonoso (Organic meteorite, 2017) o un diente de Spinosaurus (From the Mesozoic King, 2017) colgado en la altura del plexo solar; un fragmento de una cáscara de huevo de Saltosaurus (Wheel of Life, 2017), el excremento petrificado de una tortuga (Transition, 2017), los restos fosilizados de un trilobites (From the Cambrian Explosion, 2017), un invertebrado marino de tres lobos de el gran período cámbrico, cuando la vida en la tierra repentinamente explotó y se diversificó.

Así, las piezas de Reinhold Ziegler amplían nuestro horizonte en el tiempo y el espacio a medida que los vemos. Son parte de un experimento en curso para romper la casa de la prisión de nuestro individualismo moderno y restablecer nuestra conexión con la gran continuidad del ser, concepción que George Bataille evoca incesantemente en sus obras. Los trabajos de Ziegler demuestran que la joyería como medio está perfectamente sintonizada con el cumplimiento de tal tarea.



Reinhold Ziegler

Reinhold Ziegler
Colgante: Organic Meteorite, 2017
Meteorito carbonoso CV3, plata, resorte de acero, cordón de cuero coloreado
.

Reinhold Ziegler
Broche;  The Origin Series 1 - Matter, 2016
Meteorito pedregoso NWA (no clasificado en el noroeste de África), plata, acero.
7 x 7 x 1 cm

Reinhold Ziegler
Broche: The Origin Series 2 - Life, 2016
Meteorito carbonoso NWA 4927, 18 kt oro, plata, titanio, acero.
7 x 7 x 1 cm

Reinhold Ziegler
Broche: The Origin Series 3 - Spirit, 2014-2016
Meteorito lunar, plata, titanio, acero.
7 x 7 x 1 cm

Reinhold Ziegler
Pendiente: Hexagonal Meteorite with Vortex, 2015
Meteorito pedregoso NWA (no clasificado en el noroeste de África), plata, cordón de nylon.
4.7 x 4.7 x 2 cm

Reinhold Ziegler
Broche: Spinning Spiral Mandala, 2016
Amonita, plata, acero, rodamiento de bolas, madera de boj.
7 x 7 x 2.5 cm



Reinhold Ziegler
Broche: Leaf Mandala, 2017
Hoja fósil de árbol de Gingko, plata, acero, madera.
7 x 7 x 1.
2 cm

Reinhold Ziegler
Pendiente: From the Mesozoic King, 2016
diente de Spinosaurus, plata, cuero.
3,2 x 16 x 2.3 cm


Reinhold Ziegler
Pendiente: Wheel of Life, 2017
Fragmento de huevo de Saltosaurus, plata, acero y cordel de cuero.
10 x 10.8 x 2.7 cm



Reinhold Ziegler
Pendiente: Transition, 2016
Excremento petrificado de tortuga, plata cordel de cuero.
4.5 x 8.3 x 3.2 cm

Reinhold Ziegler
Pendiente: Hammer, 2012
Granito, madera de mutyeneye, plata, banda de nylon.
15 x 6.5 x 2 cm

Reinhold Ziegler
Pendiente: Pincer Pliers, 2012
Plata, cuero y banda de nylon.
15 x 4.2 x 2 cm

Reinhold Ziegler
Broche: Orange Pocket, 2013
Cuero, plata, bronce y acero.
9.6 x 7 x 1 cm

Reinhold Ziegler
Pendiente: Wheathered Fusion Crusted Meteorite 2, 2014
Meteorito pedregoso, plata, cordón de nylon.
4.6 x 5.6 x2.3 cm

Reinhold Ziegler
Pendiente: Meteorite Ball, 2013
Meteorito pedregoso, plata, cordón de nylon
6 x 5.4 x 2.2 cm


Traducción: H.N
 KLIMT02 así como sus fotos. Su uso comercial o personal está prohibido. Puedes comunicarse con ellos directamente a través de su sitio web










lunes, 21 de agosto de 2017

Klimt02 ---> El espacio intersticial. Algunas observaciones sobre la dualidad en Doris Betz



El espacio intersticial. 
Algunas observaciones sobre la dualidad en Doris Betz

El presente artículo de Pravu Mazumdar 
es uno de los textos en el libro, Doris Betz, Jewellery and Drawing. 

"El arte dual de Doris Betz tiende a generar en el espectador una doble mirada, que ya no proyecta la unidad de una conciencia artística que funciona para conectar las obras expuestas, pero sigue la pista de la dinámica de sus diferencias."


1.
¿Es una obra de arte más arte o más una obra? No hay duda de que es un trabajo, el cual aún no es arte, y puede tomar su posición en el mundo de las cosas de una manera fácil y tranquila. A pesar de su humilde modo de ser como una cosa destinada a servir a la humanidad a través de la mejora técnica de la vida humana, conserva la independencia suficiente para dejar de funcionar de vez en cuando, para romperse de vez en cuando y para dejarse a sí mismo a regañadientes ser reemplazado. En su fragilidad existencial el trabajo se comporta como una cosa. Al igual que un perro sigue siendo un animal y puede morir, a pesar de que ha sido entrenado para estar a la escucha de los seres humanos. Una obra, que no es arte, no reclama la eternidad.

Sin embargo, una cosa que no es inmediatamente útil tiene dos opciones diferentes. Puede detenerse en el umbral del artefacto, como una roca, un árbol o una estrella, o ir más allá del artefacto para adquirir un nuevo tipo de valor más allá de todo valor de uso, lo que le permite un derecho a la duración y a la protección de la decadencia natural de las cosas. Cuando una cosa se sitúa más allá del artefacto, se endurece dentro de sus límites, establece su terreno en oposición a otras cosas y evita cualquier peligro de ser invadido por el mundo. En el vecindario de una obra de arte se siente un umbral de tensión, como si estuviera cubierto por una piel.

2.
La obra de arte debe su piel protectora a una constelación de espacios, temperaturas, iluminación, miradas, discursos, constituyendo en su totalidad el museo. Cada vez que una cosa es más arte que una obra, estos rituales de la musealización se cierran sobre ella, tendiendo a aislarla y protegerla contra el tiempo, pero incapaz de impedir que transgreda los límites de su propio sitio para comunicarse con otras cosas. Porque, por un lado, se comunica con el mundo exterior: las paredes, los pilares, el techo, la distribución de la luz, los entusiastas del arte que se apiñan y los guardias de arte que los vigilan, el sistema de alarma que se desencadena en cualquier momento y, por supuesto, los boletos de entrada. Por otro lado, la obra de arte puede partir de su propio contenido visual y comunicarse con las cosas en general, como lo hace un cuadrado negro con todo lo que es cuadrado y todo lo que es negro.

Pero en el momento en que se produce el más mínimo cambio en cualquiera de estas cosas, todo el tejido de relaciones, en el que se incrusta la obra de arte, se transforma y, junto con él, nuestra percepción, así como la propia obra de arte, Con su entorno ontológico y se vuelve fluido con él. Visto desde este punto de vista, la obra de arte ya no manifiesta una esencia ni un núcleo, aunque conserva un aura perceptible de singularidad que emana del espacio intersticial entre la obra de arte y las cosas en general.

3.
Un tipo diferente de espacio intersticial emerge de la serialización de diferentes obras de arte en diferentes combinaciones, siempre que éstas se exhiban dentro del mismo espacio físico y el mismo lapso de tiempo. Para tal caso, la suma de todos los espacios intersticiales en juego no sería ni el espacio de exposición físico ni el espacio entre las portadas de un libro que contenga imágenes de las obras, sino matemáticamente hablando, la suma total de los espacios de interacción de los contenidos visuales de todas las exposiciones individuales. La arquitectura en serie de tales espacios produce constelaciones, en las cuales la "luminosidad" de cada obra individual está en cierto modo predeterminada.

Es en el contexto de tal lógica que Doris Betz presenta su doble mundo del arte gráfico y de la joyería: no sólo como un agregado de objetos heterogéneos sino también como series de espacios intermedios en los que las exposiciones pueden interactuar pero sin una jerarquía - como la que existe entre un "esbozo" y su "ejecución" - emergiendo entre ellos. Tales espacios intermedios neutralizan dos viejas prácticas de devaluación que surgieron durante el Renacimiento europeo. Una de estas prácticas consiste en degradar el arte del dibujo al «mero» acto de esbozar, tomado como una etapa preparatoria para la realización de una obra de arte preestablecida. Tal acto revela un moderno dispositivo de acción, que regula toda intervención premeditada en los asuntos del mundo. La segunda práctica de la devaluación consiste en la reducción sistemática del estatus de la joyería desde el Renacimiento a la de un mero accesorio o decoración. (1)

4.
El doble arte de Doris Betz tiende a engendrar en el espectador una doble mirada, que ya no proyecta la unidad de una conciencia artística que funciona para conectar las obras expuestas, sino que rastrea la dinámica de sus diferencias. Esto implica un cambio de perspectiva. Los dibujos ya no se perciben como un precursor esquemático de los anillos, broches, collares a seguir. La coexistencia del dibujo y la joyería ya no se descifra como invitación al taller de un artista. En su lugar, se percibe la necesidad de conectar el doble trabajo a dos procesos artísticos distintos e independientes, en vez de subordinar el uno al otro, los dibujos a la obra de joyería. El trabajo dual puede ser visto como resultado del proceso aleatorio de dados repetidamente lanzados, documentados una vez en el movimiento de las líneas en los dibujos y una vez en los objetos de joyería que se emiten como resultado de un encuentro escultórico con un material.

De vez en cuando, sin embargo, se puede discernir un estilo de movimiento común entre las obras gráficas, por una parte, y las obras fundidas, soldadas y rebordeadas, por otra - en lugar de la unidad tradicionalmente esperada de una conciencia en el modo de planificación. Ejemplos de esto son el dibujo, p. 28, y los anillos, p. 29; O el dibujo de tinta, pág. 18, y la cadena de plata y alambre de perlas City, p. 17; O los nudos y densidades en el dibujo de tinta, p. 32, y los aretes con recubrimiento de plata Ohr, p. 33; O la serie de dibujos, pp. 50-53. Está claro que tales correspondencias no pueden ser vistas como objetivas o inequívocas. Resultan meramente de las fugaces impresiones provocadas por la sucesión casual en la que se perciben las imágenes. Sin embargo, el juego de las afinidades repentinas de la forma en medio de una verdadera riqueza de técnicas, materiales, movimientos también puede detenerse dentro de los límites de una pieza individual y alcanzar la tranquilidad de una hibridación cristalina. En piezas como el anillo, p. 9; El pendiente, p. 20; Los colgantes Icetraces, p. 48, o Fred, p. 49; O los broches Out-Of-The-Blue, pág. 25, Bananaboat, p. 24, Windjammer, pág. 26, o Takeover, p. 35 - para nombrar sólo a unos pocos - se percibe algo como dibujos escultóricos convertidos en joyas: gráficos portátiles, emancipados como de una superficie de papel, para establecerse sobre el cuerpo de un portador pero sin fusionarse con él o inscribirse en él en la forma de un tatuaje. El espacio intersticial se mueve así del entorno serial de las obras al corazón de una obra individual para luego manifestarse como el espacio de diferencia entre un dibujo tridimensional que funciona como joyería y el cuerpo adornado de un usuario.


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(1) Ver las aclaraciones de Beat Wyss en "Das Gold des Entwerfens" (El oro del Diseño), en Ellen Maurer Zilioli (ed.), Private Confessions. Zeichnung und Schmuck (Dibujo y Joya), Stuttgart 2016, págs. 38-44.

Sobre el Autor

Pravu Mazumdar estudió física en Nueva Delhi y Múnich y tiene un doctorado en Filosofía de la Universidad de Stuttgart. Escribe en alemán e inglés, y sus libros, que emplean temas como la migración y el consumismo para desarrollar un diagnóstico de modernidad, están estrechamente relacionados con el postmodernismo francés, en particular con la filosofía de Michel Foucault. Su libro sobre la joyería fue publicado en 2015 con el título: Gold und Geist: Prolegomena zu einer Filosofía des Schmucks (Berlín: Matthes & Seitz). (Oro y espíritu: Prolegómenos sobre una filosofía de la joyería)


Nacido y educado en las provincias orientales de la India y viviendo entre varios idiomas y tres continentes, Pravu Mazumdar lleva una existencia intersticial típicamente contemporánea. Una categoría esencial de tal modo de vida es la idea de la hibridez, a la que Mazumdar ha dedicado varios escritos, como Das Niemandsland der Kulturen (Las tierras de nadie de la Cultura) (Berlín: 2011) o "Wishful Thinking" sobre la joyería y la existencia. (https://alchimiablog.com/2016/05/23/pravu-mazumdar-wishful-thinking/)

Traducción: H.N
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